Te invito una copa

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te invito una copa

¡Te invito una copa!

Te invito una copa, esto es lo que decimos al momento de iniciar una posible relación amorosa.

A menudo pensamos que consumir alcohol nos permitirá hacer mejor las cosas sobre la cama. Por el contrario, te puedes caer de ella, despertar completamente solo, desamparado y sin probabilidad alguna de sexo.

En la Antigüedad, Baco, dios de los viñedos y el vino, era honrado en diferentes ceremonias religiosas conocidas como bacanales. No pasó mucho tiempo para que estas fiestas se convirtieran en enormes orgías romanas. Y el culto a Baco se prohibió en el año 186 a.C.

La reputación del alcohol como afrodisíaco, aún en la actualidad, está muy difundida por el mundo. Pareciera que muchos hombres poseen una profunda creencia acera de las habilidades mágicas del alcohol para reducir su ansiedad o culpa y elevar su deseo sexual.

Básicamente, el problema con el alcohol, en grandes cantidades, es que no cumple con lo que promete.

A bajos niveles, un poco de alcohol:

  • Reduce las inhibiciones.
  • Aumenta el goce sexual.
  • Añade algo de diversión.

Sin embargo, debido a que es un depresivo, disminuye la habilidad del hombre para:

  • Excitarse.
  • Conseguir una erección.
  • Tener eyaculación.
  • Poder hablar siquiera.

¿Y en las mujeres que?

En las mujeres, el alcohol pareciera tener un efecto un poco más complicado.

En un estudio con mujeres intoxicadas con alcohol a las cuales se les mostraron películas eróticas, paradójicamente se descubrió que entre más intoxicadas decían sentirse, menos excitadas se encontraban.

Investigadores japoneses y finlandeses han sugerido que la explicación a todo esto se debe al hecho que cerca de dos horas después de beber, los niveles de testosterona en la sangre de la mujer aumentan.

Este efecto es especialmente pronunciado en las mujeres que se encuentran ovulando o tomando anticonceptivos orales.

En contraste, se encontró que una sutil ingesta de alcohol tiende a disminuir los niveles de testosterona en la sangre de un hombre completamente sano.

Sin embargo, el deseo sexual humano no es simplemente un problema de qué tanta hormona sexual circula a través de la sangre. Somos unas criaturas socialmente complejas y lo que pensamos o sentimos tiene también efectos profundos. A un nivel literal es posible decir que el sexo está en el cerebro: neurotransmisores, hormonas, terminales nerviosas a las que es posible reducir la experiencia sexual.

¿Que opina la psicología?

Según el Psicólogo Jim Pfaus, de la Universidad de Concordia en Estados Unidos, las estructuras cerebrales involucradas en el amor y el deseo sexual son la ínsula y el núcleo estriado. Ambos sentimientos actúan áreas diferentes del cuerpo estriado, la zona activada por el deseo sexual se pone en marcha habitualmente frente a estímulos que causan placer y la parte que activa el amor, tiene que ver con el proceso de condicionamiento que da valor a las cosas que generan recompensa o placer, es decir, el cuerpo estriado cambia la región donde se procesa al deseo sexual a medida que se transforma en amor.

El amor es un hábito, que depende menos de la presencia física de la otra persona, por el contrario, el deseo sexual tiene un objetivo específico y requiere de estimulación externa, no solo de la atracción inicial, compatibilidad física, también de la estimulación del cerebro con fantasías e imágenes, y también de la testosterona biodisponible, ya que es el combustible del deseo.

El beber demasiado libera a la persona de las represiones conscientes, estudios aplicados a hombres alcohólicos indican que después de un tiempo de ingerir altas dosis de alcohol, se produce la destrucción de las células productoras de testosterona, en los testículos.

El alcohol es considerada una droga poderosa que afecta tu juicio, conciencia y emociones, afectando cada célula en el cuerpo, afectando entre otras cosas, tu vida sexual, ya que si tomas más de la cuenta, padecerás la dificultad de conseguir o mantener una sólida erección.